Era de noche, todo estaba oscuro, ya que no utilizaba luz alguna cuando de dormir se trataba. Una sensación extraña, casi fuera de lo normal, no me permitía conciliar el sueño.
En un determinado momento, miré hacia la ventana de mi habitación, que nunca estaba con la celosía cerrada en los días de verano como este. Noté que, sentado sobre el borde de esta, se encontraba alguien. Me pare, demasiado confianzuda para mi gusto, y me acerqué. Era un joven, cuyo aspecto era muy familiar a pesar de estar segura que nunca lo había visto. Mantenía su mirada en el suelo, que se encontraba a gran distancia ya que mi habitación quedaba en el segundo piso de mi casa. Cuando me acerqué hacia él lo suficiente como para que notara mi presencia se corrió para un costado, como si me hiciese espacio para que me sentase junto a él.
-Es una bonita noche – dije irónicamente mientras me acomodaba a su lado, totalmente segura de que, sin saber cómo, él no me haría daño alguno.
-Bastante bonita, debo decir – contestó sin quitar la vista del suelo - ¿Qué haces despierta a estas horas?
-No podía dormirme – le contesté. Era bastante extraño que no lo hiciese, porque a estas horas siempre estaba durmiendo - ¿Tú? ¿Qué haces a estas horas aquí?
Pregunté como si fuese algo normal, o al menos común, que él se encontrara en mi ventana.
-¿Yo? Pues, nada, siempre me siento acá, si se podría decir de alguna manera – Hice una mueca al no entender porqué decía eso. Sonrió como si la hubiese visto, y eso que aun no había movido su mirar de lugar – Bueno, se podría decir que siempre estoy acá, salvo cuando cierras la ventana me cuesta llegar y tengo que quedarme afuera.
-Oh, lo que pasa es que a veces quiero protegerme del clima, y cierro todas las ventanas y puertas.
-Entiendo, pero si haces eso yo no puedo entrar, o… mejor dicho, me tardo mas en hacerlo.
Quedamos un minuto en silencio, él aun quieto, yo… yo mirando la lluvia, como era fácilmente manipulable, cambiante, como a veces daba el viento la dirigía en mi contra, y otras en mi favor.
De repente, dejó de mirar el suelo y me observó. Estábamos los dos totalmente empapados.
-Si yo te pidiera que saltes… ¿Lo harías? – me quede algo congelada ante su pregunta
-Pero, estamos en el segundo piso.
-Tú, quitando el hecho de lo que sientas cuando llegues al suelo… ¿Lo harías? ¿O te da miedo lanzarte?
-No, lo haría…. – contesté
-Y si te dijera que no vas a sentir nada ¿Confiarías en mi?
-Sí – ese “sí” salió automáticamente de mis labios, no lo pensé, pero sentía que era verdad, confiaría en él.
-Porque no sucederá, no sentirás nada. Más bien, sentirás algo cuando tú quieras sentirlo. – Estiró su mano hacia mí, y yo apoyé la mía sobre la suya. Luego, corrió mi mano hacia adelante, como incitándome a saltar. Estaba a punto de dejarme caer, cuando me di cuenta que debía preguntarle algo.
-Oye, antes de saltar… quisiera hacerte una pregunta – él asintió - ¿Quién eres?
-Ah sí… eso – contestó pensativo – Soy tu amigo.
Comprendí que estaba en lo cierto, era mi amigo. No sé desde cuando, no sé cómo, ni sé bien el porqué, pero lo era. Tire mi peso contra el abismo de mi patio, y me dejé caer. Cuando estuve a punto de caer al suelo sentí un sacudón en la mano.
Me desperté atónita en mi cama, me senté y miré para la ventana, estaba abierta, y el marco estaba mojado. Miré a mi alrededor y noté que mi cama estaba empapada en agua, y en la almohada, al lado de donde normalmente apoyo la cabeza para dormir, se encontraba una pluma. Era una pluma de un color blanco que nunca había visto, parecía irreal, y tan suave, que ni el algodón lograba asemejársele. Luego de meditar un rato, me di cuenta que era el ala de un ángel.
Gracias por todo, por todo y por todo. Por tus abrazos, por escucharme, por leer mi carta hecha a mano, y decirme lo justo y necesario, junto con Milena, para hacerme llorar y a la vez hacerme feliz. Porque como te dije, siempre te esperé, sin saber si te iba a encontrar o no. Porque aparecíste como un golpe de suerte, como muchas otras personas, pero que estas hicieron lo que vos no hiciste.
Gracias por ser como sos. Gracias por tener ese corazón que tenes.
Sophi
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